Qué Ver en La Isleta del Moro (Cabo de Gata): Guía Completa 2026

Llevamos 14 años saliendo desde La Isleta del Moro cada mañana, y todavía hay días en que llegamos al embarcadero y nos detenemos un segundo a mirar. El pueblo sigue igual: las barcas en la orilla, las casas encaladas, el faro en la distancia, el olor a salitre. Saber qué ver en La Isleta del Moro no requiere una guía muy larga —el pueblo es pequeño— pero sí merece que alguien te cuente lo que no aparece en las fotos de Instagram: por qué este rincón del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar es diferente al resto de la costa de Almería, y por qué merece una visita completa.
La Isleta del Moro es un núcleo de apenas ochenta vecinos censados, aunque en verano la cifra se multiplica. Pertenece al municipio de Níjar, dentro del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar —declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1997—. No hay supermercados, no hay cadenas hoteleras, no hay souvenirs de cerámica de imitación. Hay un bar, unas pocas casas de alquiler, una playa pequeña y el mar que empieza justo donde acaba el pueblo. Eso es, precisamente, lo que lo hace especial.

Qué ver en La Isleta del Moro: los imprescindibles
El pueblo se recorre a pie en veinte minutos. Esos veinte minutos tienen mucho que ofrecer.
El mirador de La Amatista
Es el punto más alto y más fotografiado del pueblo. Se llega por un camino de tierra desde el núcleo principal en unos diez minutos a pie. Desde allí se ve la costa en dirección norte hasta Los Genoveses y en dirección sur hasta los acantilados de La Polacra. El nombre viene de los cristales de amatista que afloran en las rocas volcánicas de la zona —el Cabo de Gata tiene un origen volcánico único en Europa occidental, y esas rocas púrpuras son la huella de esa historia geológica—. Al atardecer, la luz sobre el mar desde este punto es de las mejores del Parque Natural. Si solo tienes una hora en La Isleta, súbete al mirador. Y si te quedas a ver el atardecer, nuestra excursión al atardecer desde el barco ofrece esa misma luz sobre el faro desde el agua.
Las casas de colores y el embarcadero
La arquitectura de La Isleta del Moro es sencilla: casas encaladas de una o dos plantas, algunas con fachadas en azul, amarillo o terracota, con macetas de geranios en los porches. No hay grandes hoteles ni urbanizaciones. Las barcas de madera todavía se sacan a la orilla cuando no hay salida al mar —un escenario que en el resto del litoral almeriense ha desaparecido prácticamente—. El embarcadero es pequeño, de hormigón y piedra volcánica, con vistas directas a los acantilados del Parque Natural. Es el mismo punto desde donde sale nuestro NARWHAL cada mañana.
La playa del pueblo
La playa de La Isleta del Moro mide unos 200 metros de arena oscura y piedra volcánica y no es la más espectacular del Parque Natural, pero tiene algo que las playas grandes no tienen: está integrada en el pueblo. Los niños juegan en la orilla mientras los abuelos toman el café en el bar de al lado; el agua tiene esa claridad característica del Parque Natural que ninguna playa urbanizada puede imitar. En pleno agosto se llena por las tardes, pero por las mañanas sigue siendo tranquila. Si vienes a bañarte, llega antes de las 10h.
El bar La Isleta
Es el único bar del pueblo y uno de los mejores miradores naturales de la costa. Las mesas de la terraza tienen vistas directas al mar y a los acantilados volcánicos. Sirven café, cerveza, bocadillos y —en temporada— chipirones y gambas de la lonja local. En julio y agosto es recomendable llegar antes de las 10h para encontrar mesa en la terraza. En septiembre y octubre, cuando el turismo baja, el bar recupera su ritmo de pueblo: conversaciones tranquilas, el periódico en la barra, el mar de fondo. Es el mejor sitio para entender por qué La Isleta del Moro no es un destino turístico de masas: es un pueblo que sigue viviendo de cara al mar.
Las calas cerca de La Isleta del Moro
El entorno de La Isleta del Moro concentra algunas de las calas más bonitas del Parque Natural. La mayoría son de difícil acceso por tierra —caminos de piedra volcánica sin señalizar, algunos con desniveles importantes— y por eso permanecen tranquilas incluso en agosto. La Reserva Marina del Cabo de Gata protege estas aguas desde 1987, y el resultado visible es uno de los fondos marinos mejor conservados del Mediterráneo español.
Cala del Plomo
A unos 3 kilómetros al norte de La Isleta, accesible por un camino de tierra desde la carretera o en barco en pocos minutos. El fondo es de roca volcánica oscura con zonas de arena blanca entre las piedras. El agua en días de calma es de un azul intenso con visibilidad de 10-15 metros. En esta cala coincidimos algunas veces al año con cardúmenes de atunes que persiguen a las sardinas —uno de esos espectáculos que no se pueden fotografiar bien pero que no se olvidan—.
Cala Rajá
Una de las calas más protegidas del Parque Natural, encajonada entre dos paredes de roca volcánica que la defienden del viento del norte. El acceso por tierra es complicado: hay que dejar el coche en la carretera y caminar unos 40 minutos por sendero pedregoso. Desde el barco se llega en 15 minutos desde La Isleta. El fondo es mixto: arena blanca en el centro y roca volcánica en los bordes, con zonas de posidonia oceánica donde viven pulpos y estrellas de mar. Es una de las paradas habituales de nuestra excursión con snorkel cuando el viento lo permite.
La Peña del Cuervo
Más que una cala, es un conjunto de pequeñas ensenadas entre acantilados volcánicos de color negro y rojo. El nombre viene de los cuervos marinos —cormoranes moñudos en la nomenclatura científica— que anidan en las grietas de la roca. Desde tierra, el acceso es prácticamente imposible sin escalar. Desde el barco, es uno de los paisajes más sobrecogedores del Parque Natural: las paredes de roca caen verticales al mar y el sonido del agua moviéndose en las cuevas bajo los acantilados crea una reverberación que los pasajeros siempre recuerdan.
Cómo llegar a La Isleta del Moro
La Isleta del Moro está a 45 kilómetros de Almería capital por la AL-3115, la carretera costera del Parque Natural. El trayecto en coche dura entre 45 y 60 minutos según el tráfico.
La ruta más habitual desde Almería: Almería → Retamar → Cabo de Gata → San Miguel de Cabo de Gata → Los Escullos → La Isleta del Moro. La carretera atraviesa el interior del Parque Natural y en varios tramos tiene vistas al mar y a los acantilados volcánicos. Recomendamos llenar el depósito en Almería: no hay gasolineras dentro del Parque Natural.
En cuanto al aparcamiento, hay que ser realistas: en julio y agosto, La Isleta del Moro se queda sin parking antes de las 10 de la mañana. El núcleo tiene capacidad para unas 50-60 plazas en la zona habilitada junto a la playa, y el camino de acceso tiene arcenes estrechos que se llenan rápido. Si vienes en agosto, llega antes de las 9h o aparca en Los Escullos (2 km al norte) y camina por el sendero costero: unos 25 minutos a pie con vistas al mar.
En temporada baja —de octubre a junio— el aparcamiento no es un problema. La AL-3115 es una carretera de montaña en algunos tramos; si vienes en verano por la tarde, ten precaución con el tráfico en sentido contrario en los tramos más estrechos.
No existe transporte público regular hasta La Isleta del Moro. En verano hay un servicio de autobús desde Almería capital que llega hasta Los Escullos, pero los horarios son limitados. Para una visita cómoda, el coche propio es la mejor opción.
Qué ver en La Isleta del Moro desde el mar
Hay una perspectiva de La Isleta del Moro que los turistas que solo vienen por tierra nunca tienen: la del mar. Y es una de las más bonitas.

La Isleta del Moro es el punto de salida de nuestro NARWHAL —una embarcación semirrígida de alta mar— desde hace 14 años. Salimos desde el embarcadero del pueblo y ponemos rumbo sur, bordeando los acantilados volcánicos hacia las calas de la Reserva Marina. Desde el agua, a 200 metros de la costa, se ve el pueblo desde un ángulo que no existe en ninguna foto de guía turística: las casas blancas sobre la roca volcánica negra, el bar con su terraza sobre el mar, el mirador de La Amatista recortado contra el cielo.
Esta perspectiva también revela algo que no se aprecia desde tierra: la escala real de los acantilados. Las paredes de roca volcánica que rodean La Isleta alcanzan en algunos puntos los 80-100 metros de altura, con cuevas y arcos naturales en la base que solo son accesibles desde el agua. En una de esas cuevas, el sonido del motor del barco crea una reverberación que los pasajeros llevan años pidiendo que repitamos.
Desde el NARWHAL también se accede a las calas del entorno —Cala Rajá, Cala del Plomo, La Peña del Cuervo— que, como hemos contado, son complicadas de alcanzar por tierra. La excursión en barco con snorkel incluye parada en una de estas calas: fondo de roca volcánica con posidonia, pulpos, meros y sargos, con visibilidad que en los mejores días de verano supera los 15 metros. Si te interesa saber más sobre qué se ve bajo el agua, tenemos una guía completa de snorkel en Cabo de Gata.
Hay algo que nos gusta especialmente de salir desde La Isleta y no desde un puerto turístico más grande: la escala humana de todo. Cuando el NARWHAL sale del embarcadero con doce pasajeros a bordo, el pueblo al completo puede vernos partir. Cuando volvemos, las barcas de los pescadores siguen en el mismo sitio. Es una forma de entender el mar que no existe en ningún puerto deportivo. Y es la mejor forma de entender qué ver en La Isleta del Moro: no como un punto en el mapa, sino como el lugar desde donde empieza el Parque Natural de verdad.
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